cuando venga la suerte

“El sol se tornó más brillante y su resplandor cayó sobre el agua; luego, al levantarse más en el cielo, el plano mar lo hizo rebotar contra los ojos del viejo, hasta causarle daño; y siguió remando sin mirarlo. Miraba al agua y vigilaba los sedales que se sumergían verticalmente en la tiniebla del agua.

Los mantenía más rectos que nadie, de manera que a cada nivel en la tiniebla de la corriente hubiera un cebo esperando exactamente donde él quería que estuviera por cualquier pez que pasa por allí. Otros los dejaban correr a la deriva con la corriente y a veces estaban a sesenta brazas cuando los pescadores creían que estaban a cien.

—Pero —pensó el viejo—, yo los mantengo con precisión. Lo que pasa es que ya no tengo suerte. Pero ¿quién sabe? Acaso hoy. Cada día es un nuevo día. Es mejor tener suerte. Pero yo prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto.”

(Ernest Hemingway. El viejo y el mar)

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el riesgo de la ausencia

“Por supuesto que te haré daño. Por supuesto que me harás daño. Por supuesto que nos haremos daño el uno al otro. Pero esta es la condición misma de la existencia. Para llegar a ser primavera, significa aceptar el riesgo de invierno. Para llegar a ser presencia, significa aceptar el riesgo de la ausencia.”

(Antoine de Saint-Exupéry. El principito)

el pie izquierdo

“En toda la santa mañana don Tadeo no me ha quitado los ojos de encima. No sé qué será el zapato, me dijo al sentarnos, pero un hombre calzado deja de ser un proletario. Me gibó la salida y le dije que, lo pareciera o no, proletario era. Y él que ni hablar del peluquín, que el verdadero proletario era el del consabido uniforme: la viserilla y las alpargatas.

Le iba a replicar pero me salió con que el día que llegó a Rusia un surtido de corbatas se acabó la revolución y me dejó con la palabra en la boca. El zapato del pie izquierdo me manca un poco.”

(Miguel Delibes. Diario de un jubilado)