sentidos o pequeños mundos

Su buhardilla es pequeña, linda, confortable, y muy muy apetecible. Los rincones, decorados sólo con color, y las velas, diminutas, crean pequeños mundos en los que perderse. Los pinceles desprenden un olor cálido que te envuelve, que te transporta al torrente de sensaciones que Paula provoca en el lienzo. La tetera, caliente por la vela que la abraza siempre, te ofrece olores que haces tuyos, que sientes tuyos. Y los libros, esos que con sólo ver sus cantos, sólo tocar sus bordes, sólo oler sus hojas, te hacen saborear de antemano su historia, tu historia, la historia que quieren descubrir contigo. Tú no lo sabes, pero sales de casa de Paula más tranquilo, más sereno, quizá un poco más feliz, y con un único pensamiento: volver.

(Susana Vegas. Sentidos o pequeños mundos)

hablando sólo de libros

“… y mientras recorría túneles y túneles de libros en la penumbra, no pude evitar que me embargase una sensación de tristeza y desaliento. No podía evitar pensar que si yo, por pura casualidad, había descubierto todo un universo en un solo libro desconocido entre la infinidad de aquella necrópolis, decenas de miles más quedarían inexplorados, olvidados para siempre.
Me sentí rodeado de millones de páginas abandonadas, de universos y almas sin dueño, que se hundían en un océano de oscuridad mientras el mundo que palpitaba fuera de aquellos muros perdía la memoria sin darse cuenta, sintiéndose más sabio cuanto más olvidaba”

(Carlos Ruiz Zafón. La Sombra del Viento)

cobijo

Siento cómo tus manos temblorosas, abuelo, buscan las mías para quedarse en ellas, quietecitas, como si el asustado ritmo que tienen siempre, no fuese más que un avance a ciegas buscando su agua.

(Susana Vegas. Cuaderno 1)