La escalera

Al salir de casa me llegó el olor a pan. Estaban cocinando en el tercero. Luego lo llevarían a su tienda, justo al lado del portal. Hoy a la vuelta cogeré una trenza. Bueno no, mejor uno de pueblo, que para tostadas dura más.

La bici de Laura sigue en la farola. No se ha ido a trabajar todavía. Cada vez sale más tarde. A ver si a la vuelta me paso a verla. Últimamente siempre va muy seria, como con prisa, o muy concentrada en algo. No sé, quizá sea el gato. Estos días se le oye maullar más. A lo mejor sigue dándole vueltas a lo de castrarle.

Mira, Luis ya se ha ido. Su coche no está. Pero ha vuelto a dejar una mancha de aceite. Siempre dice que no tiene tiempo de llevarlo al taller. Un día va a tener un problema. Ya verás.

Anda, el cartero hoy ha pasado antes. Qué raro. No es su hora, y ayer no estaban estas cartas. A lo mejor ha venido el suplente y ha cambiado el orden de la ruta. Será eso.

Que no se me olvide recoger lo del tinte. Mañana va a ser todo a la carrera. Entre peluquería y dejar a los niños con los padres de Tomás, no nos quedarán ni 20 minutos para arreglarnos.

¿Qué se pondrá al final Sandra? El vestido del otro día le sentaba fatal, pero a ver quién es el guapo que se lo dice. Qué genio tiene últimamente. Desde que lo dejó con Jaime está bastante inaguantable.

Pues eso. Pan para la comida. Recoger lo del tinte. Pasar un segundo donde Laura a ver cómo va su gato. Y revisar estas cartas, que hay una con pinta de multa que no me gusta nada.

Mira, ahí vuelve Luis. ¿Dónde habrá ido que ha tardado tan poco? Voy a decirle lo de la mancha de aceite.

(Susana Vegas. La escalera)

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vivos

“Y entonces ocurrió. Se produjo un descubrimiento sensacional, el primero de los grandes hallazgos del pensamiento, y el preludio de todos los demás; un descubrimiento que todos hacemos en algún momento de nuestra vida, porque no nacemos sabiéndolo. Los homínidos comprendieron que ellos, todos ellos, estaban destinados a morir. Este descubrimiento no fue más que el resultado de un análisis elemental, de pura lógica, pero que ninguna otra criatura ha realizado jamás: si los demás mueren inevitablemente, y yo no soy distinto de los demás, yo también moriré algún día.

Irónicamente, más de 3.500 millones de años de evolución produjeron un ser de inteligencia excepcional que alcanzó a comprender que los días de una vida son una cuenta atrás. La capacidad mental superior era un regalo envenenado.

Pero el mismo plus de inteligencia que nos llevó al conocimiento de la muerte, también nos permitió comprender, igualmente por vez primera, que estamos vivos: así tomamos consciencia de la vida.”

(Juan Luis Arsuaga. El collar del Neandertal)

dime

dime, ¿y cómo se vive sabiendo que sólo cuando deje de importarte te acercarás de nuevo,
y sólo cuando deje de quererte te dejaré acercarte?

(Susana Vegas. Cuaderno 1)