ya han ganado

“-Así que es cierto que caíste en la segunda de las trampas. Pero no seré yo quien opine que te equivocaste.
-¿Por qué?

El viejo volvió sus ojos hacia un tablero que había junto a su sillón, detrás de la mesa. Sobre él, alineadas en dos filas de ocho a cada uno de los extremos, estaban las piezas en las que sólo entonces reparó Bálder. La mano moteada de manchas acarició, temblorosa, la dama del bando oscuro.

-¿Sabes jugar al ajedrez, Bálder?
-No científicamente -contestó el extranjero, estremecido tras oír su nombre en labios del viejo.

-Yo soy un buen jugador, aunque tal vez tampoco un científico. El caso es que desde hace veinticinco años reconstruyo la maldita partida desde el mismo punto, justo después de salvar el primer engaño, y escoja la variante que escoja, las negras siempre mueven y ganan. Por eso no estoy en condiciones de afirmar que te equivocaste. Es más, ni siquiera podría asegurar que el problema insoluble esté en la segunda trampa. No es lógico. ¿Sabes qué me parece lo lógico?

Bálder meditó la pregunta y aventuró una respuesta.
-Que las negras ya han ganado cuando las blancas creen burlar la primera trampa.”

(Lorenzo Silva. La sustancia interior)

la torre roja

Viñeta 1: Es de noche. Se ve un pueblo al pie de una colina. A las afueras hay una torre.

Viñeta 2: Se enfoca una casa, de piedra, con luz en una de las ventanas.

Viñeta 3: Se ve una mesa puesta para cenar. Un anciano sentado en la cabecera y una mujer más joven mirando a la puerta. Hay un gato debajo de la mesa.

Viñeta 4: Aparece un niño, con el pelo revuelto y rasguños en los brazos.

Viñeta 5:
[Madre]: ¿Dónde has estado? ¿Por qué has tardado tanto?
[Niño]: Estaba en la torre, cazando ratones para Mik.

Viñeta 6: Plano del gato, que ha olido los ratones que trae el niño.

Viñeta 7:
[Madre]: No me gusta que juegues ahí. Ya te lo he dicho más veces.
¿Por qué harían esa torre? Da miedo sólo mirarla…

Viñeta 8: Se enfoca al abuelo. Serio y pensativo.
[Abuelo]: Hace tiempo hubo un río en esta zona. Tenía crecidas incontroladas y mucha gente desapareció. Por eso construyeron la torre, como refugio.

Viñeta 9:
[Abuelo]: Si os fijáis, todavía se ve el hueco de la campana que utilizaban para avisar de las crecidas.

Viñeta 10:
[Abuelo]: La llamaban “la torre roja”, porque la señora que vivía en ella decía presentir cuándo iba a crecer el río, y colgaba una tela roja de las ventanas para alertar a la gente.
Dicen que nunca se equivocó.

Viñeta 11: La madre mira preocupada al niño. Parece que acaba de darse cuenta de algo.
[Madre]: ¿Y esos rasguños?
[Niño]: Me caí y me hice daño en el codo.

Viñeta 12: Se enfoca el brazo del niño, que se remanga la camisa. Se ve una venda hecha con un trozo de tela roja.
[Niño]: La señora de la torre me curó… y me dijo que tuviéramos cuidado con el río.

(Susana Vegas. Borrador Cómic “La torre roja”)

secretos

“-Guarda ese libro. Cada vez que un verso tome forma en tu mente y se acerque a tus labios intentando salir, reprímelo sin consideraciones, pero escríbelo en estas hojas que permanecerán en secreto.

¿Sabía el cadí que con ese gesto, con esas palabras, daba origen a uno de los secretos mejor guardados de la historia de las letras? ¿Que pasarían ocho siglos antes de que el mundo descubriera la sublime poesía de Omar Jayyám, antes de que sus Ruba’iyyat fueran veneradas como una de las obras más originales de todos los tiempos, antes de que fuera al fin conocido el extraño destino del manuscrito de Samarcanda?”

(Amin Maalouf. Samarcanda)