Martín

No se quién llamó a la policía, pero vinieron. Ahí estábamos los cuatro, mirando cómo María, tendida en el suelo con la cabeza abierta, empapaba la cara alfombra de su casa. Nos hicieron pasar a la cocina. Querían hablar con nosotros, pero de uno en uno. Fui el primero al que llamaron. Cuando entré en el salón se estaban llevando a María. No sé por qué pensé en su padre, y en si alguien le habría avisado.

Me hicieron preguntas. No sé lo que contesté, no sé lo que me preguntaron, no sé lo que me dijeron que hiciese. Alguien me acompaño de vuelta a la cocina. Encontré café y me eché un poco en una taza. Estaba frío. Me lo tomé sentado en el borde de la mesa.

David fue el siguiente. Cuando volvió estaba pálido como nunca. Parecía que en cualquier momento se iba a poner a vomitar. Se derrumbó en una silla y se quedó con la mirada en el infinito. Recuerdo haberle preguntado algo, pero no sé qué siquiera si me contestó.

Luego llamaron a Paula. Se fue deshecha y volvió más deshecha todavía. Se notaba que había estado llorando. Se sentó un taburete, con la cabeza entre las manos, murmurando. Alguien que no la conociese diría que estaba rezando.

(Susana Vegas. Martín)

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y aquí termino

“-¿Por qué?… ¿Por qué?… ¿Por qué?… –pregunto.
El espacio destinado a mis palabras se acorta. Me vuelvo tan marginal como mis notas.
El autor decide finalizarme aquí.”

(José Carlos Somoza. La caverna de las ideas)

hoy estoy en blanco

Hoy estoy en blanco, como la hoja. No se me ocurre qué escribirte. Lo único que noto es que tengo las uñas largas y que quiero llegar a casa a cortármelas. Hay gente que se las corta en el trabajo, incluso he visto alguno en el metro. Me da una dentera que no puedo ni mirar, tac, tac, tac, es asqueroso. La gente es una cochina.

Igual, el otro día, en el metro también, va una, coge un espejito y unas pinzas de depilar ¡y se pone a quitarse el entrecejo! Alucinada me quedé. Ahí, con total impunidad, un pelito para fuera, otro pelito para fuera. Toda mona se quedó. Y el suelo no te digo…

¿Y los que se echan desodorante en el puesto de trabajo? Levantan el brazo y se rocían enteros. Tal cual. Y encima nos dejan el pestazo durante un buen rato. Si me parece muy bien que si notas que te canta el alilla te eches algo… ¡pero vete al cuarto de baño! De verdad, no puedo con la gente.

Y te conté lo del otro día, ¿verdad?, el tío cerdo del metro que tenía clinex pero pasaba de usarlos. Sí, creo que te lo conté. Buffff, pero qué panda de…

Bueno, paro, que veo que me enciendo y luego lo pagan los gatos. Después del café te escribo algo bonito y te lo mando. Y por cierto, avísame si encuentras por casa una frase. Se me escapó del libro el otro día y ando detrás de ella.

(Susana Vegas. Hoy estoy en blanco)

velocidad

Para los inuxs la velocidad es crucial. Cada día, la unidad central procesa la información recibida y envía alimentos a cada comunidad en función de la cantidad enviada. Su dieta es blanda, ya que los inuxs no tienen dientes, y está compuesta principalmente de una sustancia pegajosa y grisácea que extraen del moho de las paredes. Sólo a los inuxs de la unidad central les está permitido generar comida, por lo que las comunidades que reciben poco alimento, expulsan a sus seres más improductivos, asegurándose así la supervivencia del grupo.

Fuera de su comunidad, los inuxs están expuestos a las criaturas que viven en el subsuelo, por lo que expanden su caparazón hasta el triple de su tamaño habitual. Estos seres marginados no sobreviven en solitario y se agrupan formando clanes que recorren los túneles en busca de alimento, entrechocando sus caparazones para espantar al resto de alimañas.

(Susana Vegas. Velocidad)

cinco amigos

Vuelta del verano. Cinco amigos en un banco.
Los planes por hacer se mezclan con los ya hechos.
Algunos no salieron como pensamos.
Otros convertirán a los cinco amigos en cuatro.

(Susana Vegas. Cinco amigos)