los topos

El ataque será al anochecer. Estamos todos en nuestros puestos, atentos a la señal de papá-topo. Nuestro objetivo es claro: conquistar la casa. Mamá-topo organiza la intendencia desde la retaguardia. Y yo, como hermana-topo-mayor, iré a la cabeza de todos mis primos. Los túneles ya están excavados y listos para la invasión. Acceso directo desde la topera a cada habitación.

El plan es atacar todos a la vez. Sorprenderles en la ducha, o lavándose los dientes, o recogiendo la cena. Sorprenderles cuando más vulnerables son: al final del día. Que nos vean bien. Dejar buenos rastros de arena. Entrar y salir de cada cuarto tan rápido que parezcamos un auténtico ejército de topos. Si fallamos, habrá bajas, contamos con ello. Pero el jardín más mullido, con la tierra más esponjosa y más plagada de lombrices, bien merece intentarlo.

Atentos. Papá-topo se levanta. Va a dar la señal.

(Susana Vegas. Los topos)

las ardillas

Lucas tiene dos ardillas en su jardín. Le gusta ver cómo corren aceleradas alrededor del tronco… y de repente pararse. Las orejillas en alto. Atentas.

La más pequeña, la de la manchita marrón en la cola, no tiene miedo de Lucas. Y cuando le ve trastear en la cocina, se asoma a la ventana esperando que le de pan.

Hay veces que se sube a su hombro y pulula divertida por toda la casa. Bueno, por casi toda la casa. No le gusta el espejo grande del salón, ni la ardilla pequeña con una manchita marrón en la cola, que la mira traviesa desde detrás del cristal.

(Susana Vegas. Las ardillas)

era sólo una manera

“Según mis notas, me encontré con él un miércoles. La mañana siguiente, estuvimos desde las nueve en la habitación de su hotel, estrecha pero de techo alto, con una tela color hierba, sembrada de anodinas margaritas, en las paredes; un extraño
césped vertical…

Me invitó a sentarme en el único sillón; él prefería andar de un lado a otro por el cuarto.
-¿Sobre qué desearía que hablásemos en primer lugar? –preguntó.
-Lo más sencillo sería comenzar por el principio. Su nacimiento…
Deambuló en silencio durante dos minutos largos. Luego, respondió con una pregunta.
-¿Está seguro de que la vida de un hombre comienza con su nacimiento?

No esperaba respuesta. Era sólo una manera de dar comienzo a su relato.”

(Amin Maalouf. Las Escalas de Levante)

los pájaros

¿Oyes los golpes?
Son los pájaros contra el cristal.

Una hilera de hormigas une mi plato con la ventana, que sigue cerrada a pesar del calor. Encima del lavabo hay un espejo roto. Me miro. La noche ha sido larga, como mis ojeras. Y negra. También como ellas. Un olor dulzón, a mandarina, sale de las viejas tuberías, haciéndome pensar que es navidad. Pero no, el sol sigue en lo alto, abrasándome.

Logro que el agua me despeje un poco. Intento concentrarme en el goteo del grifo, pero el zumbido continuo de la bombilla me saca de quicio. Vuelvo a mi esquina.
Un avión de latón, con una de las alas manchadas de rojo, me observa desde la repisa. “En tierra de nadie”, tiene escrito en la panza.

Los pájaros siguen golpeando el cristal.

(Susana Vegas. Los pájaros)