montoncitos

Un montoncito de polen entró por la ventana del cuarto de jugar.
Zascandileó por el suelo hasta que se encontró con un montoncito de colores. Cuando salieron al pasillo, había esperándoles un montoncito de corcheas que se fugaban del dormitorio. Se juntaron los tres montoncitos y corretearon a trompicones hasta el salón.

Un montoncito de ramitas que venía de la terraza se había unido a un montoncito de sabores que se escabullían de la cocina. Los cinco montoncitos se apelotonaron en el pasillo, donde cogieron velocidad y cuando abrí a puerta de la calle escaparon entre mis piernas. A eso juegan los montoncitos.

(Susana Vegas. Montoncitos)

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a veces

Red Hot Chili Peppers – Under the bridge

el intercambio

Aproveché cuando atravesamos el túnel. El autobús iba casi vacío, y pude poner mi mochila en el asiento de al lado. En la oscuridad, fui sacando las cosas poco a poco. No fue difícil. Además, el chico que tenía más cerca jugaba absorto con su móvil, y la única persona que me había mirado más de dos veces, una niña delgadita de unos 8 años, cabeceaba medio dormida sobre las piernas de su madre.

Al salir del túnel ya lo tenía todo montado. Me lo metí en el bolsillo y dejé la mochila otra vez debajo de mi asiento. En unos veinte minutos llegaríamos a la estación. Me apoyé en la ventanilla a esperar. Una vez saliese el tren, el intercambio sería rápido, sólo tenía que pasar inadvertido hasta entonces.

(Susana Vegas. El intercambio)

todo depende de la solapa

“-¡Oiga, puede que haya perdido la memoria, pero soy escritor y sé lo que me digo!… ¡El realismo de ese párrafo salta a la vista!… ¡Cualquier lector se lo creería!…
-No, al contrario: precisamente ningún lector se lo creería. O quizá sí. Todo depende de la solapa. Pero, por desgracia, ninguno de sus textos tiene solapa.
-¿A qué se refiere?

Neirs y su ayudante intercambiaron sonrisas como si estuvieran decidiendo quién debía explicármelo primero. Comenzó Neirs:
-Nosotros llamamos “solapa” a la información sobre un texto que se encuentra fuera del mismo: una nota a pie de página, la solapa de un libro, la declaración de un testigo fiable, etcétera. Sin ella, nada de lo que se escribe, desde una simple lista de la compra hasta una enciclopedia, tiene valor por sí mismo. Piense, por ejemplo, en un libro cualquiera. La solapa nos habla del autor y de la clase de obra que ha creado. En ocasiones, hasta encontramos una breve sinopsis del argumento. De esta forma sabemos si vamos a leer una novela, un ensayo, un texto científico o una autobiografía, y nos preparamos para valorar las diversas lecturas. Si la solapa dice “novela”, esperamos que nos entretenga pero no confiamos en conocer la vida del autor; otra cosa sería si dijera “autobiografía”, ¿comprende? La mayoría de la gente ignora que la verdadera lectura de un libro se hace a través de la solapa. Sin ella, el texto resulta incomprensible. Podrá ser más o menos bello, pero ahí acaba todo.”

(José Carlos Somoza. Dafne desvanecida)

rincones

A veces, cuando me siento intranquila, cuando las ideas no vienen o pasan muy deprisa, cuando noto el ruido acumulado en mi interior y la inquietud me mueve de un sitio a otro, como una peonza girando sin sentido, cojo la escoba.

Quitando las telarañas de mi casa quito también las mías, y así, como los buenos amigos que vienen para un rato y se quedan a cenar, las ideas que quiero van viniendo y llenando de nuevo cada uno de mis rincones.

(Susana Vegas. A veces)

cuentos

Martes 26 de octubre: “He leído mucho estos días. Me he traído tus cuentos. Me apetece, cuando vengas a verme, que nos tumbemos debajo del sauce y me cuentes como terminan, como hacíamos antes. ¿Por qué sigues sin escribir los finales? A veces pienso que a cada uno nos cuentas uno distinto”.

(Susana Vegas. Cuentos)