el suave suelo de madera

“Noté el suave suelo de madera en las rodillas y luego en las palmas de mis manos, y al fin, apretado contra la piel de mi mejilla. Esperaba poder desmayarme pero, para mi desgracia, no perdí la conciencia. Las oleadas de dolor, que apenas me habían rozado hasta ese momento, se alzaron y barrieron mi mente, hundiéndome con su fuerza. Y no salí a la superficie.”

(Stephenie Meyer. Luna Nueva)

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transformación

Llevo viviendo con Ana tres años. Pero me sigue desconcertando cómo se transforma con sólo ponerse algo de sombra en los ojos. Y mira que es una chica apacible, tranquila, que huye de los problemas. El caso es que cuando se maquilla, algo se distorsiona en ella y saca un genio que no veas. Se vuelve beligerante, mandona… y agresiva.

El sábado estuvimos con unos amigos que hacen body painting y la noté demasiado atenta, con unos ojillos calculadores que me dieron escalofríos. Incluso la oí preguntar por las proporciones concretas de pintura y aceite.

Ahora mismo está en el cuarto de baño, trasteando con no sé qué cosas que ha comprado. Siento terror por ver qué puede salir de ahí. Estoy asustado.

(Susana Vegas. Transformación)

tiene gracia…

Estoy otra vez delante del papel, tiene gracia. Ayer me dijiste, una vez más, que lo dejara, pero sigo con ello. Dices que es algo que me engancha, que no me sienta bien.

Ya sé que no me sienta bien, como engullir entero el bote de pringels, o terminar una sandía de una tacada. O como acostarme con el pelo mojado y salir sin abrigo en marzo “porque ya quiero que llegue la primavera”. Pero es lo que hay. Y lo sabías cuando te viniste a vivir conmigo. Me conocías de sobra.

Por eso no entiendo que ahora te enfades porque no quiera hablar hasta terminar mi dibujo. O no quiera salir de mi estudio con un cuento a medio hacer. ¿Y por qué tengo que picotear de todos los platos cuando nos vamos de tapas? Ya sabías que me gusta empezar con uno, y saborearlo hasta que se termina. Que me da igual quedarme sin probar algo por ir tan lenta. Pero ahora me sales con que no empiece por la ensalada porque los calamares se enfrían…

Y ya puestos, no entiendo tampoco que te lleves las manos a la cabeza por que haya cogido otro gato. Ya sé que tiene pulgas, le veo rascarse. Pero se coló en el jardín esta mañana y me he encariñado de él. Además no mete jaleo, él se apaña bien, que le he visto pulular por la cocina picoteando de nuestra cena. No pongas esa cara, que de tu plato no ha cogido. De verdad. Mira que eres exagerado… Venga, te lo cambio.

Me hace gracia que te vengas a mi casa, con tus pájaros, tus trastos y todas tus neuras, y tu obsesión principal se convierta en cambiar las mías. Es que me hace mucha gracia.

(Susana Vegas. Tiene gracia…)

el libro

Sigo sentada delante del libro. Me está costando horrores terminarlo. Cada página que paso es peor que la anterior. En qué hora hice la maldita apuesta. Si es que no puedo. Imposible seguir leyendo. Me voy a la nevera a ver si me animo con algo. Bufff, no hay nada que me apetezca. Pues hala, un café cargadito y vuelvo al libro. Esto es peor que una condena. Se me está haciendo insoportable… ¡Anda, mira! alguien ha dejado algo en esta página. Parece un billete de metro, pero de los antiguos, muy gastado por los bordes, o mordido. Y tiene unas anotaciones en lápiz. ¿Qué pone?… No soy capaz de descifrarlas. A ver a la luz… No, no entiendo nada. El caso es que la marca me suena. ¿Dónde he visto yo esa flor?

(Susana Vegas. El libro)

…y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio

“Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: ‘Excursión a Quilmes’, o: ‘Frank Sinatra’.

Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: ‘No vayas a lastimarte’, y también: ‘Cuidado con los escalones’.

Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras en las de los cronopios hay gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.”

(Julio Cortázar. Historias de Cronopios y de Famas. Conservación de los recuerdos)