en papel

Voy a dejar de escribir en papel.
Ya no sé qué hacer con tanto cuaderno garabateado.
Ni con los bolis a medias que no quiero tirar
porque me recuerdan a ti.
Ni con las hojas en blanco que quiero llenar
porque me ayudan a olvidarte.

(Susana Vegas. En papel)

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y siguió girando

“Tornó luego a suspenderlo en el vacío de manera que Cipriano flotó en el aire, los brazos flexionados, como un atleta en las poleas, penduleando, la pesa inútil amarrada a sus pies. El inquisidor sentía frío y torcía la boca; experimentaba una rara frustración:

-El potro –dijo lacónicamente.

El verdugo le desató de la garrucha y le ató por las cuatro extremidades a una especie de bastidor, donde cuatro tambores de hierro permitían, girándolos, tensar a voluntad el cuerpo del torturado. Durante las primeras vueltas Cipriano casi sintió placer. Aquel aparato le ayudaba a estirar sus miembros y, de este modo, salía del agarrotamiento en que había vivido los últimos meses. Pero el verdugo, que no buscaba su placer, seguía girando el husillo hasta que el estiramiento de brazos y piernas alcanzó un punto doloroso.”

(Miguel Delibes. El hereje)

Manuel

Y ahora, cuando miro a Paula, me cuesta reconocer a la chica flaca y despistada que llegó a Madrid hace 15 años para estudiar Bellas Artes. Me acuerdo de todas las veces que encontré sus gafas olvidadas en el aula, o los lápices que usaba para sujetarse el pelo, confundidos entre mis pinceles. Me acuerdo de las horas que se convertían en días dando un “último retoque” a la entrega de fin de trimestre. O de los días que se convertían en noches hablando de todo y de nada.

Me acuerdo de sus ojos llorosos cada vez que hablaba con sus hermanos. Dejarles fue lo que más le costó de venirse a estudiar a Madrid, y siempre que podía se los traía a pasar el fin de semana con ella. Le gustaba ver sus caritas de asombro cuando visitaban los museos o sus gritos de felicidad en cada atracción nueva que descubrían en el parque.

Me acuerdo de cosas tan tontas, como del gato gordo que le dio una vecina, y de cómo durante las cenas se colocaba a sus pies y ella le desmigaba poco a poco la corteza del pan que siempre quita.

Y me acuerdo de cosas no tan tontas, como de los planes que teníamos para cuando terminásemos la carrera, de las exposiciones que haríamos juntos y de dónde nos instalaríamos para montar nuestra propia galería. Me acuerdo de todo eso. Y también me acuerdo del día en que apareció María en nuestra vida y lo cambió todo.

(Susana Vegas. Manuel)