invisible

Vivo a las afueras de Madrid. Casi llegando al aeropuerto. Me acabo de mudar y no tengo ocupación fija. Suelo pulular de un trabajo a otro y abusar de la caridad de las parroquias del barrio. Soy cotilla, y se me va el día husmeando en la vida de mis vecinos.

No soy emprendedor. No me gustan los retos y mi casa, ahora vacía, la iré llenando de cosas que me encuentre por la calle. Una mesa LAK de IKEA, destartalada, será mi centro de salón. Suelo cenar rodeado de gatos. No son míos. Entran y salen cuando quieren.

Tampoco soy una persona aseada. De hecho, en el metro las niñitas pijas se suelen separar de mí. Antes eso me afectaba. Ya no.

Y tampoco soy muy legal. Ahora estoy en una oficina de alquiler de coches, llevando papeles de un despacho a otro. Varios compañeros se traen la comida de casa, y suelo picotear de sus tupers a escondidas. Sé que saben que soy yo. Lo que no sé es por qué no me llaman la atención.

Eso es lo que más me sorprende. Por qué nadie me llama la atención.

Invisible no soy, ya que peso cerca de 100 kg y, como ya he dicho antes, mi olor me delata. Además, hace tiempo que dejé de preocuparme por mis dientes, y blancos, precisamente, no están. También fumo, incluso en mi puesto de trabajo. Y está el tema de los gatos. A mí no me importa ir con pelos en la ropa, pero sé que una de mis jefas les tiene alergia, y aun así, no dice nada. ¿Por qué?

Ya no sé qué más hacer. No entiendo por qué nadie me dice nada.

(Susana Vegas. Invisible)

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es un cuento oscuro

“No pude odiarlo, desde luego. Estuve a punto de preguntarle por qué, pero supe que la pregunta era inútil: no había ninguna razón. Simplemente se le había desbocado el caballo, y luego había intentado ocultar los platos rotos. Es un cuento oscuro, triste y estúpido, pero se repite con recalcitrante frecuencia.”

(Lorenzo Silva. Nadie vale más que otro)

ni cuenta

El tren llega y tú no te das ni cuenta.
Sigues en el andén, con la nariz pegada al periódico, absorbiendo cada palabra de tu horóscopo.
Te llamo, pero el chico del acordeón toca demasiado alto.
Te había guardado un sitio.

(Susana Vegas. Ni cuenta)