compartiendo

Alicia tiene una caja donde va guardando lo que encuentra.
Si sale de noche, mete sombras o destellos de luna. Si sale al amanecer, mete rocío y algún grillo despistado. Durante el día guarda trocitos de nubes y flores de papel, o gotas de lluvia, conchas de playa y el verde del lago.
Luego, sentada en la hierba, trenza un hilo muy fino con las cañas de los juncos, y entremezcla las cosas guardadas, creando collares que desgranaremos juntas los fríos días de invierno.

(Susana Vegas. Compartiendo)

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uno se deja llevar

“Le propuse que qué tal los sábado y él, que bien, mientras no tenga servicio de tarde. Quedamos en firme para el próximo y que si el domingo 24 no hay novedad subiremos al campo con las escopetas. ¡Ya iba siendo hora! Parece como que las cosas fueran entrando en caja. Uno se deja llevar a veces por el sentimiento y se encoge, como si el mundo le acobardase o cosa parecida. La verdad es que en todas partes cuecen habas y uno no ve lo suyo a modo más que cuando lo deja. Ésta es la fetén y el que diga lo contrario miente. A ver, si no, la gracia que me hacía a mí ir pedaleando como un paria hasta lo de Miranda, o pasarme la santa mañana dando la hora, o aguantando las chinchorrerías de don Basilio.”

(Miguel Delibes. Diario de un emigrante)

¿pq?

Y ahí, en la cocina de casa de María, seguía sin entender qué había pasado.
Cuando se lo conté, me tocó el hombro, y sonrió. No dijo nada. ¿Por qué tuvo que sonreír?

(Susana Vegas. ¿Pq?)