no sirve de nada estar a punto de saltar

“Uno que vive en la fase estética puede llegar a sentir pronto angustia y vacío. Pero en ese caso también hay esperanza. Según Kierkegaard la angustia es algo casi positivo. Es una expresión de que uno se encuentra en una situación existencial.

Ahora el estético puede optar por dar el gran salto hasta una fase superior. Pero o sucede o no sucede. No sirve de nada estar a punto de saltar si no se hace del todo. Aquí se trata de un o lo uno o lo otro. Pero nadie puede dar el salto por ti. Tú mismo tienes que elegir.”

(Jostein Gaarder. El mundo de Sofía)

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El caso (7)

[Julián y Laura. Feria del Libro]

-Policía –dijo Julián enseñándole la placa al viejo.

-Tengo todo el orden, agente –contestó nervioso -. Yo le enseño los papeles, mire, que están aquí… ¡Niño! –gritó el viejo hacia alguién que trasteaba dentro del puesto -. ¡Saca la carpeta!

-Déjelo –le cortó Julián -. No estamos aquí por eso. ¿Trabaja aquí Emilia Pineda?

-Aquí tiene la carpeta, padre. ¿Qué pasa con Emilia? –dijo el “niño”, un hombre de unos cincuenta años, moreno y algo bizco, saliendo de detrás del puesto -. Es mi hermana. ¿Qué pasa con ella? –repitió nervioso.

-Julián…mira…ese libro…

-¿Qué ocurre? –me increpó, molesto de que le cortara- ¿Quieres comprar algo para el día de la madre?

-No, no…, en serio, mira ese libro, el pequeño, el de la tapa oscura…

-Pues como no seas más concreta nos pasamos aquí la mañana. A mi no me importa, pero te recuerdo que nuestro sueldo lo pagan los contribuyentes. Y no creo que estén muy de acuerdo en que pasear tranquilamente por el Retiro mirando libritos, por mucho que quieran humanizarnos, se considere parte de ninguna investigación…

-No seas idiota Julián -le gruño, molesta-. La portada, mira la portada… tiene impresa…

No se lo podía creer. Lo ví en su cara cuando localizó el libro.

-…la flor roja… -murmuró Julián, terminando mi frase.

¿Pero qué conexión había entre una mujer que muere de vieja a los 45 años y el caso que lleva persiguiéndonos media vida?

(Susana Vegas. El caso (7))

el caso (6)

[Despacho de Padilla, cont.]

Dos toques fuertes a la puerta me libran del enfado de Padilla.

-¿Se puede, jefe? –dijo Laura asomando la cabeza

-Sí, pasa, siéntate –contestó Padilla, señalándole la silla libre a mi lado-. Ya conoces a Blanca, de Informática.

-Hola Laura –sonreí, contenta de volver a verla.

-Hola guapa, ¿cómo vas?, ¿tu hija mejor?

-Bufff, no me hables, entre los exámenes y el novio, que andan enfadados, no hay quien la aguante, ¿te quieres creer que ayer…?

-Las charlas de café para el recreo, que tenemos trabajo- cortó Padilla, visiblemente cabreado-. Laura, ¿alguna novedad en el piso de la muerta?

-Sí, jefe, muchas. Estas son las fotos del salón -dijo colocándolas despacio sobre la mesa, atenta a nuestra reacción-. Y esperad a ver las del cuarto de baño.

(Susana Vegas. El caso (6))

el caso (5)

[Despacho de Padilla]

Me ajusté la chaqueta del uniforme y respiré hondo un par de veces antes de entrar en la boca del lobo.

–¿Se puede? –- pregunté cauta. Me conocía el humor de Padilla a esas hora de la mañana.

–Pasa Blanca, siéntate. Laura está a punto de llegar. La esperamos y os cuento a las dos. Ya la conoces, ¿verdad? –indagó Padilla, como quien no quiere la cosa, haciendo que ojeaba distraído unos papeles.

–Sí, trabajamos juntas en lo de Valencia –dije rápida, prefiriendo no entrar en detalles. Nunca he llegado a saber qué supo exactamente de cómo se resolvieron las cosas.

–¿En lo del Recinto Ferial? Ahí sí que le echasteis horas… Muy buen trabajo –dijo mirándome directamente a los ojos.

Me saltaron todas las alarmas. El viejo zorro se huele algo y le molesta no saber dónde tiene que morder.

–Gracias por la parte que me toca –murmuré intentado aparentar seguridad –. El grupo respondió bien. Ahora, sin Marchena, estamos en cuadro…

-Sí, sí. Falta de personal. Ya lo sé, Blanca —me interrumpió, molesto de que me hubiese escapado otra vez –.Hoy no haceis todos más que repetírmelo, que parece que os den cuerda.

(Susana Vegas. El caso (5))

es una decisión

“Esa noche le acometió la fiebre. Oía voces e ignoraba si pertenecían a las figuras de sus sueños o a las personas que rodeaban su cama, y aún sentía el frío glaciar. Un hombre recorría la habitación a grandes zancadas, seguramente el médico, y dijo, decídete, tener éxito o no, es una decisión, luego sólo es preciso perseverar, ¿no?

Cuando quiso contestar, ya no recordaba lo dicho; en lugar de eso veía el vasto mar bajo un cielo que flameaba eléctricamente, y cuando al cabo de dos días volvió a abrir los ojos era mediodía, el sol del invierno pendía pálido en la ventana y su fiebre había cedido.”

(Daniel Kehlmann. La medición del mundo)