entonces lloré

“Al fin, viendo que no parecía que fuera a tirarme al suelo ni desde una ventana, los psicólogos consintieron en dejarme sola con mi padre, que me había hecho de chófer y acompañante. Aunque me costó, también le convencí a él de que me dejara sola en casa, y de aplazar las explicaciones que tendría que darle antes o después. En cuanto se hubo marchado, agarré los auriculares y salí a la calle.

A paso vivo fui hasta el Retiro, y una vez dentro caminé, ya más despacio, hasta el Palacio de Cristal. Era una hermosa tarde de junio, y el aire, cálido y quieto, invitaba a sentarse a la sombra. Así lo hice, con el palacio a la vista. Respiré hondo y busqué la canción. Y entonces sí. Entonces lloré. Hasta quedarme sin lágrimas.”

(Lorenzo Silva. Música para feos)

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