un mar en calma

“Si hacíamos abstracción de la razón por la que nos encontrábamos en aquella ciudad, he de reconocer que la cena resultó una placentera forma de rematar el día. No por la comida que nos sirvieron, menú de batalla para turistas, al que como mucho se le podía pedir que no estuviera contaminado con ninguna forma de vida microbiana que nos entorpeciese la investigación con una inoportuna gastroenteritis.

Lo que me resultó inopinadamente reconfortante fue la posibilidad de tomarla al aire libre, en una terraza del paseo marítimo, contemplando un mar en calma sobre el que se reflejaban, trémulas, las luces de la costa. Haberme despertado en un Madrid invernal, y cenar junto al tibio Mediterráneo, era uno de esos raros y pequeños placeres que me deparaba la existencia, y a los que había aprendido a aferrarme como la hiedra a la pared.

En ambos casos se trataba de una técnica de supervivencia. Como dijo el sabio Epicuro, aunque legiones de cabestros se hayan empeñado en desvirtuar (cuando no silenciar o destruir) su mensaje a través de los siglos, son los dignos deleites los que nos sostienen en pie, frente a las asechanzas y los reveses de la vida.”

(Lorenzo Silva. Los cuerpos extraños)

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como el cuero viejo

“Aquella noche, a las diez y media, ya de vuelta a casa, cuando se disponía a cambiar de metro en la estación de Kasumigaseki, vio a aquel hombre al que le faltaba el lóbulo de una oreja. Estaría en la mitad de la cincuentena, tenía el pelo entrecano. Alto, sin gafas, llevaba un anticuado abrigo de tweed y, en la mano derecha, sostenía una cartera de piel.

Se dirigía desde el anden de la línea Chiyoda a paso lento, como sumido en profundas reflexiones. Yoshiya lo siguió sin dudar un instante. De pronto, se dio cuenta de que tenía la garganta tan seca como el cuero viejo.”

(Haruki Murakami. Después del terremoto. Todos los hijos de Dios bailan.)

hoy me he vuelto a fijar

“-Pero yo no lo soy.
-A lo mejor sí lo eres, y no lo sabes, y lo que te pasa…

-Jaime –le llamé y no me hizo caso, le puse una mano en el brazo y entonces me miró-. Jaime, si Marcos lo fuera, aunque no lo supiera, aunque no quisiera saberlo, no resistiría la tentación de estar con otro tío en una cama. Te miraría, te tocaría, yo qué sé… Y no lo hace. Lo sé porque me he fijado. Me fijé el otro día y hoy me he vuelto a fijar.”

(Almudena Grandes. Castillos de cartón)

catorce

antes de nada
dejaremos claras
las páginas que nos importan

las de libros abiertos
de vidas cercanas
paredes que por siempre callan

y al resto del mundo
deseo sincero
de éxitos en la batalla

que pensemos despacio
queramos deprisa
y caminemos con la frente alta

incluso en este
justo momento
en que nada ocurre
calma blanca
ropa de cama de hotel

olores de vida plena

sexo ligero
agua fresca
zumo de fruta
y café

incluso ahora
que ya no hay miedo
que nada tiembla
sal de baño
brillo dorado en la piel

y un beso sincero en la boca

pies descalzos
arena virgen
Copacabana y claqué

cine desierto
sol en la cara
latina ardiente
ron de caña
domingo desde las tres

terraza de vino y rosas

soñar despierto
dormir contigo
viajar despacio
y volver

es un parpadeo
un rápido destello
un rayo de sol
que deja ciego

cambia en un instante
la forma en los cuerpos
toman aire
y para el tiempo

así que atentos
todos al cielo
calma
quietos
cojan aire
quizá nos toque correr

que al menos quede el recuerdo
de aquel momento
que fue perfecto
Copacabana y claqué

es un parpadeo
un rápido destello
un rayo de sol
que deja ciego

cambia en un instante
la forma en los cuerpos
toman aire
y para el tiempo


IZAL – Copacabana

rezo poco y en público

“Quisiera yo, hijo, apartarme deste pecado, y para ello he hecho mis diligencias: heme acogido a ser hospitalera; curo a los pobres, y algunos se mueren que me dan a mí la vida con lo que me mandan o con lo que se les queda entre los remiendos, por el cuidado que yo tengo de espulgarlos los vestidos. Rezo poco y en público; murmuro mucho y en secreto.

Vame mejor con ser hipócrita que con ser pecadora declarada: las apariencias de mis buenas obras presentes van borrando en la memoria de los que me conocen las malas obras pasadas. En efecto, la santidad fingida no hace daño a ningún tercero, sino al que la usa. Mira, hijo Montiel, este consejo de doy: que seas bueno en todo cuanto pudieres; y si has de ser malo, procura no parecerlo en todo cuanto pudieres.”

(Miguel de Cervantes. Novelas ejemplares. Coloquio de los perros)

quiero que ocupes mi lugar

“-No quiero que me ayudes –dijo Minne con firmeza, abriendo la caja mientras hablaba-. Quiero que ocupes mi lugar.
Se inclinó sobre el tablero, apartando el brazo de Lily, cogió la Reina Negra y la adelantó.
Lily contempló la pieza… en el tablero. De pronto, tocó mi rodilla.

-¡Ya lo tengo! –exclamó, saltando excitada sobre los cojines. Carioca aprovechó la oportunidad para robar una espumosa pasta de queso y arrastrarla a su cubil debajo de la mesa-. ¿No ves? De este modo, la Reina Negra puede dar mate a la Blanca, obligando al rey a moverse por el tablero… pero sólo arriesgándose. La única pieza que tiene para protegerla es este peón adelantado…

Traté de comprender. Allí, sobre el tablero, había ocho piezas negras en cuadros negros; las otras estaban en cuadros blancos. Y delante de todas, en el extremo del territorio blanco, había un solo peón negro, protegido por una torre y un caballo.
-Sabía que trabajaríais bien juntas –dijo Minne sonriendo-, si os daba la oportunidad. Ésta es una reconstrucción casi perfecta de la partida tal como está en este momento. Al menos, por ahora.- Mirándome, agregó – : ¿Por qué no preguntas a esta nieta de Mordecai Rad cuál es la pieza esencial en la que se centra esta partida específica?

Me volví hacia Lily, que también sonreía y tocaba el peón adelantado con su larga uña roja.
-La única pieza que puede reemplazar a una reina es otra reina –dijo-. Pareces ser tú.
-¿Qué quieres decir? -pregunté-. Creí que era un peón.
-Lo eres… pero si un peón atraviesa las filas de los peones opuestos y alcanza el octavo cuadrado del lado opuesto, puede transformarse en cualquier otra pieza que desee. Incluso en reina. ¡Cuando ese peón llegue al octavo cuadrado, el de la coronación, puede reemplazar a la Reina Negra!

-O vengarla –dijo Minne, con los ojos brillantes como ascuas-. Un peón adelantado penetra en Argel… la Isla Blanca. Así como has penetrado en territorio blanco… penetrarás el misterio. El secreto del ocho.”

(Katherine Neville. El ocho)

las raíces

“Muchos neoyorquinos, como en el resto del país, se describen a sí mismos como irlandés-estadounidense, afroamericano o alemán-estadounidense. La gente siente la influencia de una tierra natal ancestral que casi nadie ha visitado nunca y de la que sabe poco. Esta influencia es lo suficientemente fuerte para impedir consumar este proceso de fusión.

Estos neoyorquinos, aunque se sienten orgullosos de ser estadounidenses, aún echan de menos identificarse con algo más allá de los Mets y los Yankees, de los puentes y túneles y de las propiedades de los Hampton, algo que los una de un modo que no puede hacer la honorable constitución de doscientos años de antigüedad: una relación de sangre. Las raíces.”

(Spencer Wells. Nuestros antepasados. Genographic Project)