la banda sonora adecuada

“Es algo difícil de explicar, pero en aquel momento sentí que lo divino, da igual cómo lo definamos, reside del mismo modo en el cemento y los taxis, que en los ríos, lagos y montañas. Comprendí que la belleza no está ligada a un momento o un lugar. Sólo hace falta la banda sonora adecuada.”

(Josh Radnor. Amor y letras)

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fue ella

“Fue ella quien me enseño a observar a la gente. A intentar adivinar lo que se esconde detrás de las apariencias. O al menos a percibir lo que las personas quieren expresar.”

(Aurélie Neyret, Joris Chamblain. Los diarios de Cereza. El zoo petrificado)

expectación

“El poder de un amor siempre se medirá de manera equivocada si sólo se valora en función de lo que lo ha provocado y no por la expectación que lo precede, ese espacio oscuro y hueco de desengaño y soledad que se abre ante todos los grandes acontecimientos del corazón.”

(Stefan Zweig. Ardiente secreto)

los huecos

“No consigo completar los huecos que el tiempo ha ido dejando en la ciudad. Camino hasta que empieza a oscurecer y entonces apago aún más la luz del sol muriente y dejo la ciudad en penumbra, tal como permanece en mis recuerdos de aquellos años tristes, en los que sin embargo teníamos el bálsamo de la juventud, que era un aceite que todo lo engrasaba, que amortiguaba los gritos de dentro y, con frecuencia, los deformaba y los volvía risas.”

(Rafael Chibres. La buena letra)

un mar en calma

“Si hacíamos abstracción de la razón por la que nos encontrábamos en aquella ciudad, he de reconocer que la cena resultó una placentera forma de rematar el día. No por la comida que nos sirvieron, menú de batalla para turistas, al que como mucho se le podía pedir que no estuviera contaminado con ninguna forma de vida microbiana que nos entorpeciese la investigación con una inoportuna gastroenteritis.

Lo que me resultó inopinadamente reconfortante fue la posibilidad de tomarla al aire libre, en una terraza del paseo marítimo, contemplando un mar en calma sobre el que se reflejaban, trémulas, las luces de la costa. Haberme despertado en un Madrid invernal, y cenar junto al tibio Mediterráneo, era uno de esos raros y pequeños placeres que me deparaba la existencia, y a los que había aprendido a aferrarme como la hiedra a la pared.

En ambos casos se trataba de una técnica de supervivencia. Como dijo el sabio Epicuro, aunque legiones de cabestros se hayan empeñado en desvirtuar (cuando no silenciar o destruir) su mensaje a través de los siglos, son los dignos deleites los que nos sostienen en pie, frente a las asechanzas y los reveses de la vida.”

(Lorenzo Silva. Los cuerpos extraños)

como el cuero viejo

“Aquella noche, a las diez y media, ya de vuelta a casa, cuando se disponía a cambiar de metro en la estación de Kasumigaseki, vio a aquel hombre al que le faltaba el lóbulo de una oreja. Estaría en la mitad de la cincuentena, tenía el pelo entrecano. Alto, sin gafas, llevaba un anticuado abrigo de tweed y, en la mano derecha, sostenía una cartera de piel.

Se dirigía desde el anden de la línea Chiyoda a paso lento, como sumido en profundas reflexiones. Yoshiya lo siguió sin dudar un instante. De pronto, se dio cuenta de que tenía la garganta tan seca como el cuero viejo.”

(Haruki Murakami. Después del terremoto. Todos los hijos de Dios bailan.)

hoy me he vuelto a fijar

“-Pero yo no lo soy.
-A lo mejor sí lo eres, y no lo sabes, y lo que te pasa…

-Jaime –le llamé y no me hizo caso, le puse una mano en el brazo y entonces me miró-. Jaime, si Marcos lo fuera, aunque no lo supiera, aunque no quisiera saberlo, no resistiría la tentación de estar con otro tío en una cama. Te miraría, te tocaría, yo qué sé… Y no lo hace. Lo sé porque me he fijado. Me fijé el otro día y hoy me he vuelto a fijar.”

(Almudena Grandes. Castillos de cartón)