segundo encuentro

Segundo encuentro. Mi primera reunión semanal en la agencia. Te toca hablar y por tu voz intuyo una garganta llena de arena. Me miras y desvías nervioso la mirada. Una especie de ternura por verte perder el control se mezcla con mis ganas de conocerte. Mientras hablas, te observo con calma, imaginando un tercer encuentro sin tanta gente alrededor. Es curioso, cuanto más te imagino más se diluyen los demás. Sus caras se van haciendo borrosas y noto cómo sus cuerpos pierden consistencia. Te oigo tragar una saliva inexistente mientras tu mano tantea el vaso que han colocado junto a tu nombre. Un nombre largo, historiado, que no hace juego contigo hoy. Me levanto despacio, intentando no hacer ruido, y me voy de la sala para dejarte terminar. Cierro la puerta sintiendo cómo tu voz recobra su fuerza y una ola de algo cálido acaricia mi piel.

(Susana Vegas. Segundo encuentro)

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orilla

Cada día,
mil azules.

(Susana Vegas. Orilla)

una historia

Un solo de guitarra
acompaña a mi hoja en blanco.
Con cada rasgueo tamizo mi historia,
voy hilando frases
y sintiendo el peso de sus sombras
dirigirse hacia mis dedos.

Sólo cuando la canción termina
dejo a un lado tu guitarra
y me pongo a escribir,
a cambiar cada sombra gris
por su cuerpo negro,
a coser las palabra al cuaderno.

Me acerco a tu cama
y me siento a tus pies,
sin hacer ruido.

Empiezo a leerte,
con calma,
atenta siempre al movimiento de tus párpados.
Pero, como hasta ahora,
éstos no se inmutan
y sólo noto tu respiración,
inquieta como un pájaro.

Me voy
y descoso una a una las palabras,
que caen pesadas sobre mí
revoloteando insensibles al dolor que siento.

Pero vuelvo a coger tu guitarra
y a mover mis dedos,
vuelvo a contemplar el papel arrugado
y el revoltijo de letras a mis pies,
imaginando una nueva historia
que primero esbozaré con acordes,
que descifraré más tarde a través de sus sombras
y coseré finalmente al papel.

Una historia,
diferente a las anteriores,
con la que ya por fin despiertes.

(Susana Vegas. Una historia)

sólo quiero ser

Necesito descansar,
recuperar mis fuerzas.
Dejar de buscar dolor para activar un cuerpo que no me responde,
dejar de tirar días enteros por noches en blanco,
dejar de tener frío a todas horas.

Un frío seco que sube por mis pies
y convierte mis manos en ramitas rotas.

Sólo quiero ser una pequeña amebita al sol,
absorbiendo el calor que descongele,
por fin,
las palabras que dejé por escribir.

(Susana Vegas. Sólo quiero ser)