a mi espalda

Cruzo un pasillo y me encamino hacia otro. Hileras de puertas a ambos lados y poca luz sobre un suelo pegajoso por el que extrañas sombras zigzaguean con fuerza. Aterrizo en una sala sin ventanas, ni muebles, donde una única mesa de tres patas soporta un fanal sin vela. El aire frío que se filtra por el tragaluz me espabila. He salido de la ciudad. Las galerías me han llevado hacia el bosque.

Me cuelo en otro túnel a través de un hueco estrecho que me obliga a andar agachada. Estoy desorientada y rezo para que no me conduzca hacia el lago, pero el corredor se vuelve cada vez más angosto, profundo y cargado de humedad. Las paredes, cubiertas de verdín, han pasado de ser ladrillo visto a pura piedra. Me araño el cuello con algo punzante y noto el calor de la sangre al gotear en mi hombro. El aire está viciado, me marea. Avanzo lenta, asentando un pie y luego otro, para no caer en el lodazal que cubre el suelo.

Así sigo, por un camino que se me hace interminable, hasta que una rama me golpea la cara y al levantar la vista contemplo por fin el cielo. Estoy fuera. Pero a mi espalda retumba el lago.

(Susana Vegas. A mi espalda)

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trenza

En tu pelo,
una única trenza,
acaricia también mi espalda.

(Susana Vegas. Trenza)

sábanas

Me gustan los paseos con tiempo frío,
me gusta respirarme el césped
o el agua del mar,
me gusta el aire de nuestra habitación
las tardes de los días de sábanas verde lima.

(Susana Vegas. Sábanas)

de nuevo hambre

Tercer encuentro. Éste es gris, extraño. Vamos en un vagón de metro atestado de gente. Caras cansadas y trajes con arrugas que hablan de un día ya hecho. Me miras, pero noto interferencias en el aire, como sonidos a mi alrededor. No enfoco bien. Mi sangre ha perdido el chute de adrenalina del primer encuentro, y acuso el gatillazo de las noches de sueños desde el segundo. El efecto de tu droga se ha diluido en mi cerebro por la falta de estímulos a los que responder.

Llega mi parada y salgo crispada. Me dejo llevar hacia las escaleras por un río de gente oscura, como mi humor. Crece la frustración en mi. Y justo por eso, cuando noto que tu mano me agarra fuerte del brazo, te empujo deseando hacerte daño. Pero no te caes, y me sostienes con más fuerza, y acercas tu cuerpo al mío. Ya no eres el niño confuso de estos días, ya distingo lo que intuí en ti.

Te vas, dejándome la respiración a medias y el pelo revuelto. De nuevo sangre golpeando mis sienes, de nuevo hambre. Ganas de un más que probable cuarto encuentro.

(Susana Vegas. Tercer encuentro)

segundo encuentro

Segundo encuentro. Mi primera reunión semanal en la agencia. Te toca hablar y por tu voz intuyo una garganta llena de arena. Me miras y desvías nervioso la mirada. Una especie de ternura por verte perder el control se mezcla con mis ganas de conocerte. Mientras hablas, te observo con calma, imaginando un tercer encuentro sin tanta gente alrededor. Es curioso, cuanto más te imagino más se diluyen los demás. Sus caras se van haciendo borrosas y noto cómo sus cuerpos pierden consistencia. Te oigo tragar una saliva inexistente mientras tu mano tantea el vaso que han colocado junto a tu nombre. Un nombre largo, historiado, que no hace juego contigo hoy. Me levanto despacio, intentando no hacer ruido, y me voy de la sala para dejarte terminar. Cierro la puerta sintiendo cómo tu voz recobra su fuerza y una ola de algo cálido acaricia mi piel.

(Susana Vegas. Segundo encuentro)