palabras

He entendido todo al revés.
Surcos de rutina buscando migajas,
drogas ajenas para seguir hacia un futuro que no me gusta,
y no pensar en un presente plano que no quiero
ni en un pasado gris del que no recuerdo felicidad.

Palabras.
Me equivoqué al no cuidaros.
¿Y si os perdí para siempre,
por no saber defenderos frente a los vicios de otros,
por hacer mías sus miserias,
por no aprender a gritar?

Tengo frío,
y las uñas rotas,
y hoy nada despeina mi sonrisa.

(Susana Vegas. Palabras)

quiero

Quiero meterme en mis sueños contigo
y descubrirte poco a poco.
Y que al andar salgan letras y colores,
y que tu abrazo me barra la arena del pelo.

Quiero mi cabeza llena de música
y mis manos manchadas de tinta.
Quiero que nuevos caminos entrecrucen los antiguos,
quiero ser todas las mujeres de los libros de Reverte.

Quiero que me abraces y sentir mariposas.
Quiero que me acompañes,
y me cuides,
y que me salves de dragones por el día y de fantasmas por la noche.

Quiero ser contigo una canción,
estar sentados frente al mar en un instante de anchura infinita.
Quiero sentir que existen caricias en el alma.

(Susana Vegas. Quiero)

primer encuentro

Entro en un ascensor atiborrado de gente, cargada de papeles y ganas de llegar a casa. Alargo el brazo para pulsar el botón de mi planta y piso sin querer un zapato oscuro, algo gastado por la punta. Al levantar la mirada para soltar un “lo siento” al aire, me sorprenden dos ojos que me observan embobados.

Un prometedor cosquilleo, que nace justo en la base de mi espalda, me alcanza el estómago abrazándome las costillas. Un calor olvidado que me habla de noches de conciertos, de paseos con vestidos de tirantes y de pies salpicando agua salada. De noches cálidas que saben a mar, cosidas a mañanas donde la única capa que me separa del cuerpo que me acompaña es el salitre de un agua que hice mía. Distintas playas, distintos tiempos, distintos cuerpos. La misma delicada sensación.

Las puertas del ascensor se abren. Salgo, acompañada de tus ojos, saboreando el aire que te quema la garganta. Para una primera impresión no está mal. Siento curiosidad por ver cómo será nuestro segundo encuentro.

(Susana Vegas. Primer encuentro)