sé que sí

Rozo suavemente tu espalda con mis dedos,
te giras,
y por lo que distingo en tus ojos sé que sí,
que tú también lo has sentido.

(Susana Vegas. Sé que sí)

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una historia

Un solo de guitarra
acompaña a mi hoja en blanco.
Con cada rasgueo tamizo mi historia,
voy hilando frases
y sintiendo el peso de sus sombras
dirigirse hacia mis dedos.

Sólo cuando la canción termina
dejo a un lado tu guitarra
y me pongo a escribir,
a cambiar cada sombra gris
por su cuerpo negro,
a coser las palabra al cuaderno.

Me acerco a tu cama
y me siento a tus pies,
sin hacer ruido.

Empiezo a leerte,
con calma,
atenta siempre al movimiento de tus párpados.
Pero, como hasta ahora,
éstos no se inmutan
y sólo noto tu respiración,
inquieta como un pájaro.

Me voy
y descoso una a una las palabras,
que caen pesadas sobre mí
revoloteando insensibles al dolor que siento.

Pero vuelvo a coger tu guitarra
y a mover mis dedos,
vuelvo a contemplar el papel arrugado
y el revoltijo de letras a mis pies,
imaginando una nueva historia
que primero esbozaré con acordes,
que descifraré más tarde a través de sus sombras
y coseré finalmente al papel.

Una historia,
diferente a las anteriores,
con la que ya por fin despiertes.

(Susana Vegas. Una historia)

sólo quiero ser

Necesito descansar,
recuperar mis fuerzas.
Dejar de buscar dolor para activar un cuerpo que no me responde,
dejar de tirar días enteros por noches en blanco,
dejar de tener frío a todas horas.

Un frío seco que sube por mis pies
y convierte mis manos en ramitas rotas.

Sólo quiero ser una pequeña amebita al sol,
absorbiendo el calor que descongele,
por fin,
las palabras que dejé por escribir.

(Susana Vegas. Sólo quiero ser)

¡imagínate!

Cada tick que pongo en el papel
es una piedrita más en mi bolsillo,
una plumita menos con la que flotar.

No vaya a ser que me despiste
y se me ocurra mirar hacia arriba
y ver que hay cielo y nubes
y aire limpio que respirar y tragarme con ansia.

No vaya a ser que mire a los lados
y me dé por pararme a oler las flores,
o comérmelas.

Imagínate que me da por poner música y bailar,
¡qué locura!

Imagínate que dejo de poner ticks
y me olvido de que la boca es sólo para comer,
que morderte sí es una opción.

¡Qué dirán!,
¡qué pasará con mis listas a medio terminar!
¡Imagínate!

(Susana Vegas. Imagínate)

el ojo

Desconcentración.
Me deslizo por una galería,
pero hay piedras que entorpecen mi camino.

Paredes con encalado viejo
me incrustan su gravilla entre los dedos.
En las palmas de las manos
se me abren arañazos paralelos,
de intentar trepar.

Mis rodillas raspadas sangran,
dejando regueros de hilos pegajosos.
Caigo,
sudando,
y mi cabeza se hunde en un grito ahogado.

Me siento impotente,
seca como un palo viejo,
y distingo a lo lejos el ojo vigilante,
negro,
sin párpado,
que me observa siempre atento.

(Susana Vegas. El ojo)