sábanas

Me gustan los paseos con tiempo frío,
me gusta respirarme el césped
o el agua del mar,
me gusta el aire de nuestra habitación
las tardes de los días de sábanas verde lima.

(Susana Vegas. Sábanas)

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de nuevo hambre

Tercer encuentro. Éste es gris, extraño. Vamos en un vagón de metro atestado de gente. Caras cansadas y trajes con arrugas que hablan de un día ya hecho. Me miras, pero noto interferencias en el aire, como sonidos a mi alrededor. No enfoco bien. Mi sangre ha perdido el chute de adrenalina del primer encuentro, y acuso el gatillazo de las noches de sueños desde el segundo. El efecto de tu droga se ha diluido en mi cerebro por la falta de estímulos a los que responder.

Llega mi parada y salgo crispada. Me dejo llevar hacia las escaleras por un río de gente oscura, como mi humor. Crece la frustración en mi. Y justo por eso, cuando noto que tu mano me agarra fuerte del brazo, te empujo deseando hacerte daño. Pero no te caes, y me sostienes con más fuerza, y acercas tu cuerpo al mío. Ya no eres el niño confuso de estos días, ya distingo lo que intuí en ti.

Te vas, dejándome la respiración a medias y el pelo revuelto. De nuevo sangre golpeando mis sienes, de nuevo hambre. Ganas de un más que probable cuarto encuentro.

(Susana Vegas. Tercer encuentro)

segundo encuentro

Segundo encuentro. Mi primera reunión semanal en la agencia. Te toca hablar y por tu voz intuyo una garganta llena de arena. Me miras y desvías nervioso la mirada. Una especie de ternura por verte perder el control se mezcla con mis ganas de conocerte. Mientras hablas, te observo con calma, imaginando un tercer encuentro sin tanta gente alrededor. Es curioso, cuanto más te imagino más se diluyen los demás. Sus caras se van haciendo borrosas y noto cómo sus cuerpos pierden consistencia. Te oigo tragar una saliva inexistente mientras tu mano tantea el vaso que han colocado junto a tu nombre. Un nombre largo, historiado, que no hace juego contigo hoy. Me levanto despacio, intentando no hacer ruido, y me voy de la sala para dejarte terminar. Cierro la puerta sintiendo cómo tu voz recobra su fuerza y una ola de algo cálido acaricia mi piel.

(Susana Vegas. Segundo encuentro)

una historia

Un solo de guitarra
acompaña a mi hoja en blanco.
Con cada rasgueo tamizo mi historia,
voy hilando frases
y sintiendo el peso de sus sombras
dirigirse hacia mis dedos.

Sólo cuando la canción termina
dejo a un lado tu guitarra
y me pongo a escribir,
a cambiar cada sombra gris
por su cuerpo negro,
a coser las palabra al cuaderno.

Me acerco a tu cama
y me siento a tus pies,
sin hacer ruido.

Empiezo a leerte,
con calma,
atenta siempre al movimiento de tus párpados.
Pero, como hasta ahora,
éstos no se inmutan
y sólo noto tu respiración,
inquieta como un pájaro.

Me voy
y descoso una a una las palabras,
que caen pesadas sobre mí
revoloteando insensibles al dolor que siento.

Pero vuelvo a coger tu guitarra
y a mover mis dedos,
vuelvo a contemplar el papel arrugado
y el revoltijo de letras a mis pies,
imaginando una nueva historia
que primero esbozaré con acordes,
que descifraré más tarde a través de sus sombras
y coseré finalmente al papel.

Una historia,
diferente a las anteriores,
con la que ya por fin despiertes.

(Susana Vegas. Una historia)