tú haces espuma el agua del mar

IZAL – Pausa

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nadie

“Cogió la mano de Nathanael, encallecida por el trabajo, y reparó en las uñas rotas y endurecidas, la mugre adherida y el vello negro y rizado. Ocurrió como la vez anterior. Tuvo conciencia de una disminución, como la llama de una vela que parpadea.

Sacudió el brazo de su padre.
-Y ahora, ¿qué será de nosotros? –preguntó en voz alta, pero nadie respondió.”

(Noah Gordon. El médico)

de nuevo hambre

Tercer encuentro. Éste es gris, extraño. Vamos en un vagón de metro atestado de gente. Caras cansadas y trajes con arrugas que hablan de un día ya hecho. Me miras, pero noto interferencias en el aire, como sonidos a mi alrededor. No enfoco bien. Mi sangre ha perdido el chute de adrenalina del primer encuentro, y acuso el gatillazo de las noches de sueños desde el segundo. El efecto de tu droga se ha diluido en mi cerebro por la falta de estímulos a los que responder.

Llega mi parada y salgo crispada. Me dejo llevar hacia las escaleras por un río de gente oscura, como mi humor. Crece la frustración en mi. Y justo por eso, cuando noto que tu mano me agarra fuerte del brazo, te empujo deseando hacerte daño. Pero no te caes, y me sostienes con más fuerza, y acercas tu cuerpo al mío. Ya no eres el niño confuso de estos días, ya distingo lo que intuí en ti.

Te vas, dejándome la respiración a medias y el pelo revuelto. De nuevo sangre golpeando mis sienes, de nuevo hambre. Ganas de un más que probable cuarto encuentro.

(Susana Vegas. Tercer encuentro)

hay situaciones que no deben interrumpirse

“Cuando Amelia estuvo segura de que había muerto, levantó la almohada y contempló el rostro de Jürgens. Pasó una mano cerca de su boca para comprobar si aún respiraba. Pero estaba muerto. Entonces escuchó unos golpes secos en la puerta. Se puso en pie y se acercó para preguntar desde detrás de la puerta. Era la camarera.

-¿Está todo bien? –preguntó-. Un huésped ha llamado diciendo que ha escuchado un ruido fuerte –dijo la mujer.
Amelia forzó una carcajada.

-Se nota que ese huésped no es aficionado al champán, ¿verdad, cariño? –dijo mirando al cadáver de Jürgens.

-Lo siento, señora, no quería molestarles.

-Pues lo ha hecho, lo ha hecho, y hay situaciones que no deben interrumpirse. –Y volvió a reír.”

(Julia Navarro. Dime quien soy)