al corazón de la isla

“Cuando Jacob arrojó a su hermano al corazón de la isla, la consecuencia fue la creación del monstruo de humo. El espíritu del Hombre de Negro se fusionó con la fuerza todopoderosa que yacía oculta en el interior de la isla, una fuente de mezquindad, oscuridad y malevolencia.

En su forma más pura de odio y cólera, cuando el Hombre de Negro se transformaba en el monstruo de humo, se convertía en una siniestra fuerza de la naturaleza aparentemente imparable. Esta criatura era un ser instintivo que actuaba sin pensar, sin conciencia ni remordimientos.”

(Lost. Enciclopedia oficial)

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como ladrones

“Lleva días lloviendo de forma imperceptible, como si el otoño todavía no se quisiera tomar en serio a sí mismo, las calles amanecen mojadas bajo un cielo ligeramente encapotado, y de pronto aparece un sol ingenuo y limpio que saca aristas de brillos al suelo pero que ya no se toma la molestia de calentar.

La exposición de Leo se celebra en una antigua fábrica de corcho de Palafrugell, situada en una plaza de piedra, que había pertenecido a los abuelos de Camila y que hace poco compró el ayuntamiento por una cantidad secreta. Es el último festejo de la temporada. Nos separaremos sin despedirnos, como ladrones, como si nos fuéramos a ver al día siguiente.

—Adiós, adiós.

Pero todos sabemos que echaremos el cierre de nuestras casas y que por muchas promesas que hagamos de venir en invierno, este año sí, seguro, no regresaremos hasta que vuelva el buen tiempo.”

(Pilar Eyre. Mi color favorito es verte)

también un caracol tiene estilo

“—Nací cerca del mar —dije—. Cuando me acercaba a la playa por la mañana, después de un tifón, en la orilla había todo tipo de objetos arrojados por las olas. Uno encontraba las cosas más sorprendentes. Desde botellas, sombreros y estuches de gafas, hasta mesas y sillas. No tengo ni idea de cómo llegaban hasta la playa. Pero a mí me encantaba ir a buscarlos y esperaba ilusionado a que llegara un tifón. Seguro que los habían tirado en alguna playa y que las olas los habían arrastrado hasta allí.

Apagué el cigarrillo en el cenicero y dejé el vaso vacío sobre la mesa.

—Todos aquellos objetos arrojados por las olas estaban asombrosamente limpios. Eran sólo trastos inútiles, pero estaban limpísimos. No había ni uno solo que estuviera tan sucio que no se pudiera tocar. El mar es algo muy especial. Cuando pienso en aquella época, siempre me acuerdo de esa basura varada en la playa. Mi vida siempre ha consistido en esto. En recoger basura, ir limpiándola a mi modo e ir arrojándola a otra parte. Pero es una basura inútil. Y se pudre allí donde está. Nada más.

—Pero para hacer eso se necesita estilo. Para limpiarla, quiero decir.

—¿Y qué necesidad hay de tener un estilo así? También un caracol tiene estilo. Lo único que hago yo es ir de una playa a otra. Recuerdo muchas cosas que han sucedido en mi vida, pero sólo las recuerdo. Ninguna de ellas tiene nada que ver con el hombre que soy ahora. Simplemente las recuerdo. Son cosas limpias, pero sin utilidad alguna.”

(Haruki Murakami. El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas)