sólo quedaba yo para pagarlo

“Y todavía quedaba algo más escurridizo, más alarmante: la turbia hostilidad que notaba de pronto al acordarme de Pablo.

No puedo contar mucho del resto del día, pero sé que hice esfuerzos para no averiguar nada acerca de aquella hostilidad. Había otra cosa que la carta de Pablo me había traído, o me había devuelto, para ser más exactos. Mientras la leía, y a la vez que sentía y pensaba tantas otras cosas contrapuestas, volví a notar aquella conmoción que nos había sacudido en los tiempos de gloria anteriores a Claudia, cuando habíamos comprendido sin vacilaciones que entre los dos existía algo que nadie podría vulnerar. La sensación, recobrada otras veces, era menos pura que nunca, y nunca había venido tan a destiempo. Y sin embargo, la acepté, e incluso me obstiné en llenarme de ella y desde ella resistir hasta que todos los demás fantasmas que habían sido liberados enmudecieran.

Aquella noche me acosté borracho, tan solo y triste de alcohol como jamás lo había estado antes. Creo que fue entonces cuando mi corazón admitió, al fin, que Pablo se había ido y que hacía más de uno y más de diez años de su marcha. Costaba ser exacto, con el cerebro embotado de whisky, pero pensé al azar en una noche en el Retiro, frente al estanque. La noche en que había aparecido Claudia. Pero ella no había tenido la culpa. Cómo puede ser culpable quien no se da cuenta de lo que ocurre. Los culpables habíamos sido nosotros, que sí nos dábamos cuenta. Y ahora sólo quedaba yo para pagarlo.”

(Lorenzo Silva. Noviembre sin violetas)

quiero

Quiero meterme en mis sueños contigo
y descubrirte poco a poco.
Y que al andar salgan letras y colores,
y que tu abrazo me barra la arena del pelo.

Quiero mi cabeza llena de música
y mis manos manchadas de tinta.
Quiero que nuevos caminos entrecrucen los antiguos,
quiero ser todas las mujeres de los libros de Reverte.

Quiero que me abraces y sentir mariposas.
Quiero que me acompañes,
y me cuides,
y que me salves de dragones por el día y de fantasmas por la noche.

Quiero ser contigo una canción,
estar sentados frente al mar en un instante de anchura infinita.
Quiero sentir que existen caricias en el alma.

(Susana Vegas. Quiero)