un punto extraño

[Laura y Martín. Inmediaciones de la Puerta del Sol]

—¿Laura? ¿Eres tú?

El shock fue brutal. Quince años han pasado desde la última vez que vi esa cara. Ha envejecido, como todos, pero sus ojos me miran igual. Aunque con un punto extraño que sólo más tarde me pude explicar: miedo.

(Susana Vegas. Un punto extraño)

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volver a enterrarla

[Laura y Julián. Depósito de cadáveres]

—Espérame dentro, Laura. Aparco y me reúno con vosotros en la cafetería. A ver si puedes ir sacándole algo de información a Ruiz.
—De acuerdo, pero no tardes. Quiero salir cuanto antes de aquí. No me siento cómoda rodeada de tanto muerto.
—Pero mira que eres bruta…

Cierro la puerta del coche mientras Julián murmura más lindezas sobre mí. Me da igual. Llevo ya años en el Cuerpo y aún me intranquilizan las visitas al depósito que hacemos regularmente. En parte tiene que ver, como le he dicho a Julián, con sentir a tanto muerto alrededor. Pero sólo en parte. Lo que él no sabe es que yo también entro con mis muertos a cuestas. Que cada vez que saludamos a Manuel, el encargado de registrar los cuerpos según llegan, una parte de mi pasado asoma sus orejas, y me cuesta horrores volver a enterrarla.

(Susana Vegas. Volver a enterrarla)

la respuesta

A veces,
buscando en las etiquetas,
encuentras explicaciones que no has pedido.

Y a veces la respuesta está en el inicio,
así que piensa,
¿cuándo empezó todo esto?

(Susana Vegas. La respuesta)

el caso (6)

[Despacho de Padilla, cont.]

Dos toques fuertes a la puerta me libran del enfado de Padilla.

-¿Se puede, jefe? –dijo Laura asomando la cabeza

-Sí, pasa, siéntate –contestó Padilla, señalándole la silla libre a mi lado-. Ya conoces a Blanca, de Informática.

-Hola Laura –sonreí, contenta de volver a verla.

-Hola guapa, ¿cómo vas?, ¿tu hija mejor?

-Bufff, no me hables, entre los exámenes y el novio, que andan enfadados, no hay quien la aguante, ¿te quieres creer que ayer…?

-Las charlas de café para el recreo, que tenemos trabajo- cortó Padilla, visiblemente cabreado-. Laura, ¿alguna novedad en el piso de la muerta?

-Sí, jefe, muchas. Estas son las fotos del salón -dijo colocándolas despacio sobre la mesa, atenta a nuestra reacción-. Y esperad a ver las del cuarto de baño.

(Susana Vegas. El caso (6))

¿pq?

Y ahí, en la cocina de casa de María, seguía sin entender qué había pasado.
Cuando se lo conté, me tocó el hombro, y sonrió. No dijo nada. ¿Por qué tuvo que sonreír?

(Susana Vegas. ¿Pq?)

David

La pared esta fría. Y no se mueve. Siento que si dejo de apoyarme en ella me voy a desmayar. Necesito distanciarme.
Observo a Martín. Está inquieto. Pasa el peso de un pie a otro constantemente. Como un luchador a punto de saltar hacia el contrario. No sabe si acercarse al cadáver de María. Pobre Martín. Ha sido siempre igual respecto a ella. Pero ya no tendrá que dudar más.
[…]
Pobre Martín.

(Susana Vegas. David)

Manuel

Y ahora, cuando miro a Paula, me cuesta reconocer a la chica flaca y despistada que llegó a Madrid hace 15 años para estudiar Bellas Artes. Me acuerdo de todas las veces que encontré sus gafas olvidadas en el aula, o los lápices que usaba para sujetarse el pelo, confundidos entre mis pinceles. Me acuerdo de las horas que se convertían en días dando un “último retoque” a la entrega de fin de trimestre. O de los días que se convertían en noches hablando de todo y de nada.

Me acuerdo de sus ojos llorosos cada vez que hablaba con sus hermanos. Dejarles fue lo que más le costó de venirse a estudiar a Madrid, y siempre que podía se los traía a pasar el fin de semana con ella. Le gustaba ver sus caritas de asombro cuando visitaban los museos o sus gritos de felicidad en cada atracción nueva que descubrían en el parque.

Me acuerdo de cosas tan tontas, como del gato gordo que le dio una vecina, y de cómo durante las cenas se colocaba a sus pies y ella le desmigaba poco a poco la corteza del pan que siempre quita.

Y me acuerdo de cosas no tan tontas, como de los planes que teníamos para cuando terminásemos la carrera, de las exposiciones que haríamos juntos y de dónde nos instalaríamos para montar nuestra propia galería. Me acuerdo de todo eso. Y también me acuerdo del día en que apareció María en nuestra vida y lo cambió todo.

(Susana Vegas. Manuel)