la camiseta

Tengo delante de mí una camiseta con relieve.
Me asusta un poco. Bueno, un poco no, me intimidada bastante. Es como una margarita gigante metida dentro de un mar verde y hecho todo con trozos de telas cosidos “hacia delante”. Como si hubieran dado un par de puntadas en cada recorte y al resto le hubieran puesto almidón o lo que se eche para que la ropa se quede de punta. Da un poco de grima tanta cosa saliendo disparada. Desde luego, fijarte en la camiseta, te fijas. Y ganas de arrancársela también te dan. A lo mejor esa es la idea. Y que luego “la magia del momento te envuelva” y listos. Pero no sé… Es que parece que en el pelo también lleva cosas… No me atrevo. Me quedo sin magia.

(Susana Vegas. La camiseta)

ni cuenta

El tren llega y tú no te das ni cuenta.
Sigues en el andén, con la nariz pegada al periódico, absorbiendo cada palabra de tu horóscopo.
Te llamo, pero el chico del acordeón toca demasiado alto.
Te había guardado un sitio.

(Susana Vegas. Ni cuenta)

costumbres

Pedro es un animal de costumbres.

Cuando sube las escaleras le gusta terminar dando un saltito. Los pasillos de la línea 4 tienen el techo muy bajo y suele llegar a la oficina con una marca roja en la frente. Hoy le han puesto tres puntos.

Lo dicho. Un animal.

(Susana Vegas. Costumbres)

las uñas

Delante de mi hay unas uñas mal pintadas. Si subo por el brazo llego a un vestido de hilo, gastado, pegado a un cuerpo también gastado, donde un cinturón de cuentas verdes intenta resistir la presión de la cintura.

Si voy para arriba me encuentro con un pelo corto, descuidado, de tinte apagado que transparenta canas, y unas orejas pequeñas donde apoyan unas gafas de pasta oscura y cristal grueso.

Y si voy para abajo me saludan unos pies… muy bonitos. Sorprendentemente bonitos. Pero se acaba la escalera y se escapan antes de poder disfrutarlos. Lástima.

(Susana Vegas. Las uñas)

coctelera

Cuando voy en metro suelo observar a la gente. A veces voy leyendo pero ese día no tenía ganas. Además no podía de dejar de mirar al de enfrente, tenía tantos piercings que embobaba. Eso tiene que picar, seguro. Yo, que no puedo llevar ni un simple pendiente porque ya me escuece…

A mi derecha va sentada una mujer. Está tan concentrada en su lectura que no se da cuenta que el helado de ese niño gotea en su falda. Una chica delgadita, de pie, se destroza los oídos a base de decibelios con unos auriculares verdes enormes. Y a mi izquierda, una madre intenta hacerle dos coletas a una niña que no deja de moverse.

De repente se apagan las luces y el tren para bruscamente. No dura nada. En seguida arranca de nuevo, pero me quedo con la sensación de ser hielitos en una coctelera.

No sé si los demás piensan lo mismo, puede que no. La mujer de mi derecha sigue saboreando su helado tan feliz. La chica delgadita continua absorta en su libro. La madre sigue escuchando música, mientras la niña manosea el cable de los auriculares. Un niño de dedos pringosos se pasea por el vagón toqueteándolo todo.

¿Por qué los niños siempre tienen los dedos pringosos? Me quedo pensando eso mientras me rasco los piercings de la ceja, que ya me empiezan a picar.

(Susana Vegas. Coctelera)

faith is blind

“Faith is blind”, pone en la camiseta del de azul, el de las zapatillas Nike de running, aunque el tamaño de su tripa le delata. Está mirando distraído el móvil mientras yo intento ojear su periódico, que hoy he llegado tarde y el repartidor se había ido.

De repente lo dobla rápido. Debe de bajarse ya. Pero no. Algo en mi rodilla ha captado su atención. 3, 2, 1… fuera mosca.

Me deja con la noticia a medias.

(Susana Vegas. Faith is blind)

conexiones

Estás pegado a mí pero no veo tu cara.
Tengo curiosidad, e intento adivinarla en el reflejo del cristal. No debo ser muy discreta, porque noto que te das cuenta y te sientas más erguido. Me miras las piernas mientras jugueteas con el móvil y al moverte rozas (¿sin querer?) mi antebrazo con tu mano.

En este túnel has sido tú el que ha intentado adivinar mi cara.
Se acerca mi estación. Hueles bien.

(Susana Vegas. Conexiones)